los ojos tristes de Lyon

Reconocí el dolor en tus ojos desde el primer instante,

como si mi alma ya hubiera visto ese vacío antes.

Nunca necesité hablar,

tú siempre entendiste, aunque a veces no te importara.

Tú nunca confiaste en mi amor.

Yo nunca confié en tus promesas.

Éramos un ciclo interminable de heridas,

dos cuerpos intentando protegerse

y lastimándose sin querer.

No me arrepiento de nada en esta vida,

pero de ti… siempre quedará la duda.

Todavía imagino las luces de navidad en Paname susurrando:

Je ne te laisserai plus partir.

Solo para fallarme al final.

Yo corriendo igual.

Fuiste el espejo donde vi mis fallas,

mis hábitos rotos, mi propio dolor.

Tu historia es una herida que no abro muy seguido.

Si te amara ahora,

no sería distinto.

Algunas cosas

no cambian con el tiempo.

Y por eso mismo,

lo dejo ir.

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